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Las señales están cambiando. Ahora le toca a Tarapacá

Por René Ávila Álvarez

Hay semanas que entregan una noticia y otras que marcan el comienzo de una nueva etapa. La que acaba de terminar parece pertenecer a la segunda categoría.

En pocos días conocimos que la actividad económica creció un 2,4% en junio, rompiendo cinco meses consecutivos de caídas. El IPC de julio, en tanto, registró una variación de apenas 0,1%, manteniendo la inflación anual en 3,5% y acercándola progresivamente a la meta del Banco Central.

A estas cifras se suman dos acontecimientos políticos relevantes: el despacho de la Ley de Reconstrucción Nacional, principal reforma económica impulsada por el Gobierno, y el anuncio presidencial de que la próxima prioridad será la Agenda Contra el Crimen Organizado y el Terrorismo, ACOT.

Por separado, son noticias importantes. Observadas en conjunto, muestran que Chile comienza a transitar hacia una nueva etapa.

Durante los últimos meses, el debate estuvo concentrado en cómo recuperar el crecimiento. Ahora comienza el verdadero desafío: demostrar que las decisiones adoptadas pueden traducirse en inversión, empleo formal y mejores oportunidades para las personas.

Una oportunidad para Tarapacá

El crecimiento del Imacec fue impulsado principalmente por la minería, el comercio y los servicios, precisamente tres sectores fundamentales para la economía de Tarapacá.

No se trata de un crecimiento homogéneo ni suficiente para declarar que los problemas económicos están resueltos, pero sí representa una primera señal de que la economía vuelve a moverse en una dirección favorable.

Sin embargo, sería un error pensar que el crecimiento nacional resolverá automáticamente los desafíos de las regiones.

Un reportaje de La Estrella de Iquique, elaborado sobre la base de antecedentes de la Secretaría Regional Ministerial de Desarrollo Social y Familia, evidenció que Tarapacá mantiene un importante rezago en inversión pública destinada a infraestructura.

Esta situación contrasta con el enorme potencial productivo de la región, sustentado en activos estratégicos como ZOFRI, el puerto de Iquique, la minería y el futuro desarrollo del Corredor Bioceánico.

El desarrollo regional no depende únicamente de las cifras macroeconómicas. También requiere transformar esas señales en proyectos concretos: mejores caminos, un puerto más competitivo, infraestructura pública de calidad y nuevas oportunidades para las familias.

Innovación y economía circular

La región también cuenta con capacidades que pueden contribuir a este nuevo ciclo.

La puesta en marcha de CircularTec, con la presencia del vicepresidente ejecutivo de Corfo, Juan Ignacio Mujica, demuestra que Tarapacá posee herramientas para avanzar hacia un polo de innovación, economía circular y desarrollo tecnológico.

La presencia de la máxima autoridad ejecutiva de Corfo refleja el interés por fortalecer iniciativas capaces de conectar la investigación, la industria y el emprendimiento con las necesidades del territorio.

El desafío será acelerar estos procesos y vincularlos con la inversión privada y con la demanda de capital humano que podría generar la recuperación económica.

Seguridad y crecimiento deben avanzar juntos

En este escenario también debe entenderse el inicio de la discusión de la Agenda Contra el Crimen Organizado y el Terrorismo.

Seguridad y crecimiento no son objetivos separados. Un país que busca atraer inversiones, desarrollar corredores logísticos, fortalecer el turismo y expandir su actividad minera necesita ofrecer condiciones de certeza y confianza.

En una región fronteriza como Tarapacá, donde convergen el comercio internacional, la minería, los puertos y los corredores bioceánicos, esa relación resulta todavía más evidente.

La encuesta Panel Ciudadano UDD publicada este fin de semana muestra un amplio respaldo a las principales medidas de la agenda: un 87% apoya endurecer el régimen de máxima seguridad para narcotraficantes; un 85% respalda reforzar la presencia policial en los barrios más peligrosos; y un 77% está de acuerdo con incorporar como deber constitucional del Estado la protección de la seguridad de las personas.

Además, un 63% considera que los parlamentarios deberían votar favorablemente estas propuestas, mientras solamente un 4% estima que deberían rechazarlas.

Pese a ese respaldo, apenas un tercio de las personas consultadas cree que el Congreso aprobará la agenda dentro del plazo propuesto. Esta distancia entre el apoyo ciudadano y las expectativas sobre la respuesta política debiera llamar a la reflexión.

Más allá de las legítimas diferencias respecto de algunos instrumentos, el Congreso tiene la oportunidad de responder a una preocupación que trasciende las posiciones partidarias y que, al mismo tiempo, constituye una condición necesaria para el desarrollo económico.

El desafío recién comienza

Durante varias semanas discutimos cómo volver a crecer. Hoy las primeras señales comienzan a aparecer, pero sería un error conformarse con un buen Imacec o con una inflación más baja.

El verdadero éxito llegará cuando esas cifras se traduzcan en más inversión, nuevos empleos formales, mejores salarios y una infraestructura capaz de acompañar el enorme potencial de Tarapacá.

Las señales están cambiando.

Ahora le corresponde a Tarapacá transformar esta oportunidad en inversión, empleo y desarrollo.

Porque las buenas noticias económicas solamente adquieren verdadero sentido cuando mejoran la vida de las personas.

René Ávila Álvarez es ingeniero comercial, MBA y fundador de CEDET Tarapacá.